VERTEDERO NO

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miércoles, 1 de junio de 2011

CROTORÍN, la Cigüeña - Relatos del mundo natural

En las faldas de la Sierra de Gredos, sobre un fresno tiene su nido el pollo Crotorín. Nació hace ya 35 días y sus plumas van alargándose y creciendo. Su cola timón está ya casi formada y las patas van adoptando el color rojo característico; su pico se va endureciendo y tomando una tonalidad anaranjada.

Por encima de ellos en un posadero sobre un risco, el buitre leonado le observa con minuciosidad. Hace una semana el hermano mayor de Crotorín ejercitaba sus alas suspendiéndose en el aire. Sus ejercicios ruidosos llamaban la atención de toda la fauna de Monfragüe. Pero ocurrió lo peor y el cigueñato cayó varios metros en las riberas del pantano sobre unos rocas que le produjeron un golpe letal. La madre le acompañó durante unas horas portando en su pico rojo una lagartija que era el bocado que más placía a su retoño. Pero el cuerpo inmóvil del pollo de cigüeña le comunicaba lo peor. Buitres negros comenzaron a volar en círculo sobre el cadáver hasta que comenzaron a alimentarse de él librando una ruidosa batalla por el festín con sus parientes los buitres leonados.


Crotorín observa y aprende. Ve pasar por debajo de él, junto al tronco de su árbol a venados, ginetas y jabalíes. También ve los juegos interminables de las nutrias nadando en el pantano. Observa el vuelo silenciosos de sus padres y el de las águilas imperiales. Conoce bastante bien a todas las variedades de buitres y rapaces que habita la vecindad. Pasar por inmóvil es una buena lección para desilusionar a predadores..

En la parte baja de su enorme nido tienen su vivienda a su vez, vencejos, tarabillas y jilgueros que aprovechan el saber constructivo de las cigüeñas para colocar su vivienda entre las ramas, paja y matojos que conforman la gran estructura de variso metros. Con ellos comparte una bonita amistad armoniosa y pacífica.

Frente al posadero de sus padres otros nidos de cigüeña negra revelan las cabezas grises de otros pollos que son alimentados con asiduidad en un incensante ir y venir de sus progenitores.

El hambre del cigueñato cada vez es mayor. Los vuelos de los padres se intensifican y su paladar se ve ahora saciado por ranas, sapos, lagartijas y pequeños peces. Las horas de soledad las emplea en aprender los sonidos del entorno, distinguir animales, tener precaución con las personas, limpiar sus cada vez más largas y fuertes plumas e imitar los gestos de las cigüeñas doblando su cuello y crotorando sin cesar. El pico se va fortaleciendo y siente necesidad de saltar y ejercitar sus largas patas. Comienza a saltar sobre el nido y ya se suspende algunos segundos en el aire aleteando en silencio.

Observa diariamente a una congénere que vive sobre una gran encina, cuyo plumaje llama poderosamente su atención. Desea estar a su lado y se imagina volando con ella sobre las aguas tranquilas del río y del gran lago que conforma el pantano. Su curiosidad empieza a causarle una intranquilidad interior que va en gran aumento.

Al atardecer sus padres vuelven al hogar y se posan junto a él transmitiendo calor y amor. La familia sabe que bien pronto se separará. Los tres crotoran a la vez cuando el astro sol se esconde tras el pico de las montañas del parque de Monfrague. Sus tres cuellos doblados hacia atrás les da apariencia festiva y alegre.

Y llegó el momento. Crotorín se lanza al vacío sintiendo el aire que se filtra entre sus plumas, sintiendo la libertad y la ingravidez del vuelo. Con enérgicos aleteos avanza en la inmensidad del aire dirigiendo su trayectoria con las plumas de la cola. Y disfruta en soledad por espacio de dos horas sin descanso. Siente hambre y la necesidad de acercarse al agua que ha sido su compañera tranquila e insinuante. Aterriza por primera vez en su vida en la ribera y siente el agua como enfria sus patas.

Introduce su pico para beber mientras observa como las nutrias se le acercan nadando en el agua oscura del pantano, como riéndose en su eterno juego e invitándole a participar en él. Ve pequeños peces que nadan descontrolados. Escucha el croar de ranas y miles de mosquitos que irrumpen desde el agua al vuelo. Un gran escarabajo llama su atención… Su primera comida autónoma.

Dos urracas blanquinegras le increpan invitándole a marcharse del lugar… E inicia su primer despegue desde tierra. Con un fuerte impulso de sus patas salta un par de metros de altura pero olvida batir sus alas con igual fuerza y cae de nuevo caminando sobre la tierra. Dos intentos posteriores le enseñan al despegue y observando los puntos de referencia aprendidos (picos, árboles característicos, la forma de la ribera del pantano) se orienta para volver a su nido.

Planea sobre él pero sus padres no le permiten posarse. Durante unos minutos lo intenta en repetidas ocasiones con igual resultado. Mientras vuela cerca del nido es testigo de la cópula de las cigueñas que con ostensibles movimientos de sus largos cuellos y de sus alas le invitan a marcharse e iniciar una vida independiente...

Ofuscado y confundido vuela aquí y allá sin saber qué hacer o dónde ir. "Clas, clas, clas,clas" el crotorar de una cigueña posada sobre la torre de una iglesia llama su atención y una gran sorpresa le espera al comprobar que es su guapa que vecina ha sufrido igual suerte que él. Se posa junto a ella y comienza a observarla detenidamente intentando imitar los gestos de sus padres. Una eterna relación se inicia entre los cigüeñatos que vuelan hacia otras tierras...

Texto y fotos VPB



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